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¿Qué está ocurriendo con el sistema financiero español?

Lunes, 18 de junio de 2012

Domingo Hernanz Tudela

Interventor y Auditor del Estado

La creciente desconfianza de los inversores respecto a las necesidades de saneamiento del sistema financiero español ha terminado por contaminar la totalidad de la economía española, por lo que procede recordar algunos puntos esenciales.

En primer lugar, las autoridades españolas (principalmente el Banco de España) habían optado hasta la fecha por acometer un saneamiento progresivo de los activos tóxicos, principalmente el crédito promotor. Es lo que podría denominarse una “voladura controlada”, que al final ha saltado en mil pedazos por su lentitud.

Como estos activos son muy ilíquidos, no hay posibilidad de venderlos rápidamente, aún con fuertes pérdidas, por lo que las entidades financieras afectadas no tienen más remedio que recapitalizarse para asumir lo que contablemente se denominan “pérdidas por deterioro”.

En segundo lugar, estas entidades recurrieron fuertemente al endeudamiento exterior, lo que ocasiona el gran nerviosismo de los inversores internacionales, ya que sus inversiones podrían sufrir una pérdida considerable. Estos fondos se prestaron en la creencia de que las inversiones iban a generar ingresos suficientes con que hacer frente a su devolución.

Dado el calendario de vencimientos de los préstamos contraídos por las entidades afectadas, éstas han tenido que recurrir fuertemente al Banco Central Europeo para que les provea de liquidez, ya que se ha cerrado el flujo ordinario entre las entidades crediticias.

Este problema de liquidez se ha paliado con las inyecciones del Banco Central Europeo, pero no el de fondo, cual es la carencia de generación de ingresos de los activos tóxicos.

Al mismo tiempo que se deterioraban los activos de determinadas entidades crediticias, se producía una caída considerable de los ingresos de las Administraciones Públicas españolas y la necesidad de financiarse con recurso al endeudamiento.

La desviación en el objetivo de déficit de 2011 ha ocasionado un incremento en la desconfianza de los inversores respecto a la capacidad de pago de la deuda de las Administraciones Públicas y la práctica imposiblidad de acudir las administraciones territoriales (CCAA y Ayuntamientos) a los mercados financieros para cubrir este desfase entre ingresos y gastos.

Llegados a este punto, cabe plantearse qué alternativas existían para sanear el sistema financiero.

  • La primera de ellas sería que el propio sistema financiero mutualizase, como se dice ahora, las pérdidas y sanease el sector. Esta hipótesis está completamente descartada ya que el Fondo de Garantía de Depósitos carece de recursos para acometer este saneamiento.
  • La segunda alternativa sería la capitalización por parte de los inversores extranjeros de la financiación concedida a las entidades crediticias con problemas, pero esta alternativa no está planteada encima de la mesa por su fortísima repercusión en otras entidades financieras comunitarias.
  • La última alternativa barajada ha sido que el FROB asuma el saneamiento del sistema crediticio con problemas obteniendo la financiación de un mecanismo comunitario, ya que el coste de financiarse en el mercado resulta prohibitivo.

Aún cuando no se conocen los aspectos básicos sobre este programa de asistencia financiera a la entidad encargada del saneamiento del sistema crediticio español, ya han saltado las primeras reacciones respecto al impacto en el déficit y el nivel de deuda de las administraciones públicas españolas.

Si como parece, el FROB va a obtener un aval del Estado, el endeudamiento contraído por aquél pasaría a considerarse como deuda pública.

La segunda disyuntiva tiene que ver con la forma de instrumentar el apoyo del FROB a las entidades a sanear. Si éste es en forma de capital social se considerará déficit público o no en función de si existen expectativas de recuperación de la inversión o no.

En el caso de prever la recuperación se aplica el denominado criterio del inversor privado, es decir, que un accionista aporta capital si prevé que va recuperar la inversión y además obtiene un rendimiento razonable.

En el segundo caso, se aporta capital sin expectivas de rentabilidad o con grandes incertidumbres, por lo que en este caso los apoyos del FROB pasarían a considerar como déficit público.

Por último, la pregunta del millón es si estos activos tóxicos a largo plazo tendrán un valor suficiente con el que hacer frente a la devolución del principal, una vez que el mercado inmobiliario se normalice.

En definitiva, estamos en una situación muy delicada ya que una enorme cantidad de dinero del sistema crediticio está invertido en activos que no generan recursos, por lo que al igual que ocurre con una entidad no financiera, si no se financian con aportaciones no reintegrables (léase recursos propios), no es posible normalizar la actividad de estas entidades, ya que no es posible hacer frente a los vencimientos de la deuda que es la contrapartida de estos activos.

Mientras tanto, el resto de activos tiene que generar unos ingresos financieros con los que compensar el coste de la deuda contraída, lo que ha ocasionado la enorme ampliación del diferencial respecto al euribor a cualquier plazo en los préstamos y créditos renegociados.

En todo caso, el mejor análisis publicado es el contenido en el informe elaborado por el Fondo Monetario Internacional en fecha reciente y que está accesible en la página web del Banco de España (IMF Country Report No. 12/137 «Spain: Financial Stability Assestment»; June 2012)

Derecho Financiero, Sistema financiero español

  1. Lunes, 22 de octubre de 2012 a las 11:04 | #1

    Gracias por su aportación.
    Hemos desarrollado la teoría del sistema financiero en nuestra web y nos gustaría compartirlo con ustedes.

    Saludos

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